5 propuestas de prevención para el verano

5 propuestas de prevención para el verano

Llega el verano, los días se alargan y el sol aprieta, sobre todo en determinadas horas del día, en las que el calor se convierte en un peligro para el rendimiento, la salud y el bienestar de tu caballo. Las épocas de verano te permiten disfrutar más tiempo de tu caballo y él necesita más que nunca de tus cuidados.

Hay problemas específicos en la salud equina que se ven agudizados con la llegada del calor, por lo que es preciso que estés informado de los peligros potenciales de esta época para aplicar las mejores medidas de manejo y prevención.

 

1. Combate la deshidratación:

Tu caballo necesita beber un 50% más de agua en verano respecto a otras estaciones del año para mantenerse correctamente hidratado.

La deshidratación se define esencialmente como la falta de líquido en el organismo y, aunque es un problema que puede ocurrir en cualquier época del año, es más común en verano, cuando la pérdida de líquido por sudoración supera el suministro total de agua ingerido por el caballo.

Si tu caballo no bebe la suficiente cantidad de agua entrará en un estado de deshidratación que puede resultar en una disminución evidente de su rendimiento deportivo, además de que le predispone a padecer cólicos.

Por todo ello, es preciso suministrar agua fresca y limpia a discreción. El agua debe mantener una temperatura inferior a la temperatura ambiente y es necesario vigilar de forma periódica el funcionamiento e higiene de los bebederos. En caso de instalaciones con bebederos automáticos debemos evitar la exposición de las tuberías al sol debido al excesivo calentamiento del agua, y en el caso de recipientes o abrevaderos es necesario revisarlos varias veces al día en función de su tamaño.

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2. Evita el estrés por calor:

Cuando hace calor el organismo del caballo responde mediante la producción de sudor y el incremento de la frecuencia respiratoria, los cuales son métodos fisiológicos que disipan y compensan el exceso de calor. La sudoración excesiva causará deshidratación y la pérdida de electrolitos corporales. Además, en función de la intensidad del ejercicio realizado, aumentará el calor producido aumentando la temperatura corporal del caballo. Un aumento excesivo de la temperatura puede llegar a perjudicar gravemente al caballo, produciendo hipomotilidad intestinal y daños tisulares importantes.

El aumento de la temperatura corporal por encima de 38,5°C y la frecuencia respiratoria elevada nos ayudará a identificar si nuestro caballo no es capaz de disipar la producción de calor correctamente. En ese caso, es necesario intervenir para disminuir la temperatura corporal mediante la aplicación de duchas de agua fría y exposición a ventilación artificial. Si esto no es suficiente, es posible que sea necesaria la intervención de un veterinario para rehidratar al caballo, compensar el déficit electrolítico y tratar farmacológicamente el aumento de la temperatura corporal.

Concluimos por tanto, que el calor es un factor altamente estresante para el caballo y puede provocar una respuesta negativa de su sistema inmune, dejando al animal desprotegido frente determinadas enfermedades.

Para evitar situaciones como las expuestas anteriormente, es indispensable proveer de un ambiente óptimo al caballo, especialmente durante las épocas más cálidas del año. El caballo debe disponer de sombra para refugiarse del sol, buena ventilación, agua a disposición, alimentación rica en forrajes de buena calidad que pueden ser remojados antes de administrarlos, para mantener un adecuado estado de hidratación y por último, se debe evitar trabajar al caballo en las horas de más calor.

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3. Mantén un cuidado especial de sus cascos:

El casco del caballo es una estructura viva y en continuo desarrollo, por lo que debemos brindarle siempre especial atención, más aun si cabe, en las épocas más cálidas del año, ya que el contacto prolongado con un suelo duro y seco, así como las altas temperaturas, predisponen a los cascos a agrietarse, sobre todo en caballos desherrados.

Generalmente, manteniendo una dieta saludable, hábitos de cuadra correctos, limpieza diaria y con las visitas regulares del herrador, es suficiente para mantener unos cascos sanos y fuertes. En caso, de no ser suficiente, consulta al veterinario y a su herrador sobre las diferentes opciones de tratamiento, bien sea mediante suplementación oral o bien mediante cremas o pomadas.

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4. Prevención de las dermatitis por insectos e infecciones de heridas:

Cuando llega el calor, se hace evidente la presencia de invitados no deseados. Los insectos (sobre todo los voladores, moscas mosquitos, etc.) se sienten atraídos por los animales, el estiércol, etc. A parte de su incómoda presencia, también pueden ocasionar distintos problemas a nuestros animales.

  • Estrés por presencia insectos.
  • Dermatittis alérgica por picadura de
  • Miasis
  • Habronemiasis

Como en la mayoría de las situaciones, la forma más eficaz de evitar estos problemas es la prevención, por desgracia son escasos los métodos eficaces para evitar la presencia de estos insectos. Aunque hay ciertos trucos que pueden ayudar.

  • Corrientes de aire. Los insectos voladores no se encuentran cómodos en ambientes con corrientes de aire, por lo que con un par de ventiladores, podemos hacer que los insectos “emigren”.
  • Insecticidas de ambiente. Granulados, peletizados, pulverizados, etc. Son muchos los tipos de insecticidas para el ambiente que hay en el mercado, las consideraciones más importantes a tener en cuenta son: no dejarlos al alcance de los animales (en caso de los peletizados o granulados) y no aplicarlos sobre los caballos o con los animales dentro de las instalaciones (cuando se trata de los pulverizados).
  • Productos repelentes. Existen determinados productos que actúan “desde dentro”, se trata de aquellos productos que no evitan que los insectos se encuentren en el ambiente, sino que evitan que el insecto se acerque o pose sobre el animal. Existen distintas vías de administración, desde pulverizados, en forma de collares, pipetas o incluso que se administran por vía oral.
  • Elementos mecánicos. Mediante la colocación de mosquiteras, cortinas o incluso mantas de rejilla sobre el caballo, evitaremos de forma mecánica que los insectos entren en nuestras instalaciones o se posen sobre nuestros animales.
  • Lámparas insectocutoras. Poco queda que decir de este método que consiste en la eliminación de los insectos, aprovechándonos de su atracción por la luz.

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5. ¿Es tu caballo “asmático”? RAO ESTACIONAL:

Algunos caballos padecen una patología respiratoria llamada RAO (Recurrent Airway Obstruction), una enfermedad de origen alérgico a determinados agentes, como por ejemplo el polvo o las esporas del heno. Cuando estos agentes entran en contacto con los tejidos del aparato respiratorio se produce un cierto grado de inflamación y un espesamiento de la mucosidad que recubre las vías respiratorias. Esto se traduce en el estrechamiento del diámetro de las vías aéreas y en la dificultad del paso del aire, tanto al inhalar como al exhalar. Dependiendo del grado de broncoconstricción los síntomas pueden variar desde una leve disminución del rendimiento hasta la producción de tos seca, taquipnea e incluso fiebre tras el ejercicio, ya que su sistema respiratorio no es capaz de disipar la liberación de calor producido durante el trabajo.

Podríamos clasificar la RAO en dos tipos:

  • Generalizada; se puede presentar a lo largo de todo el año, debido a que el alérgeno no es dependiente de una estación concreta (polvo de la pista, esporas, en el forraje, polvo por la cama, etc.).
  • Estacional; producida por alérgenos que aparecen en una determinada época del año, generalmente por polen. Los síntomas son los mismos que los de la RAO generalizada, pero el caballo solo se ve afectado durante la primavera y principios del verano.

Tu veterinario deberá realizar un diagnóstico y tratamiento adecuado para la paliar la sintomatología del cuadro respiratorio y establecer unas correctas medidas de manejo adaptadas al caballo. La detección de la fuente de alérgenos y limitación de la exposición del caballo a los mismos, es la mejor manera de prevenir o al menos controlar en la medida posible los episodios de RAO.

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