Medicina interna equina, la gran desconocida

Medicina interna equina, la gran desconocida
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Después de 15 años trabajando con caballos y habiendo dedicado 5 de ellos a formarme exhaustivamente en el ámbito de la medicina interna equina, todavía me sorprende la falta de información que existe en el sector del caballo sobre esta rama de la veterinaria. Por este motivo, me gustaría que este texto os sirva de ayuda para conocer un poco más acerca de esta disciplina, que es vital, para vuestros caballos.

La especialización veterinaria se implementó hace ya tiempo en nuestro país. Antiguamente, el veterinario era un profesional todoterreno, que igual trataba una vaca que no podía parir, un caballo cojo o un perro que había dejado de comer. Personas recias que se enfrentaban a diario con verdaderos retos de superación personal y laboral. Pero la llegada de la especialización veterinaria comportó innumerables beneficios para los pacientes, dado que cada profesional comenzó a formarse de manera específica y más completa sobre la especie a la que se dedicaba.

La llegada de las especialidades dentro de cada disciplina supuso un gran paso en el avance de la profesión. En el campo de la veterinaria equina, en la actualidad, contamos con especialistas en cojeras, cirujanos, oftalmólogos, dermatólogos, especialistas en reproducción, etc. y especialistas en medicina interna equina.

– ¿Y qué es exactamente? – Me preguntáis muchos. Mientras está muy extendida la percepción “sin pie no hay caballo”, que otorga gran valor a los problemas relacionados con la movilidad, pocas veces nos hacemos la pregunta ¿sin hígado, sin corazón, sin músculos? ¿Es posible que vuestro caballo responda día a día si órganos tan vitales no funcionan a la perfección? Parece claro que la respuesta es no.

La medicina interna se ocupa de todos los sistemas y órganos que permiten que los caballos puedan funcionar con normalidad y si es necesario rindan al máximo. Por tanto, se encarga de identificar aquellos signos que indiquen la presencia de problemas, algunos sutiles, como bajada de rendimiento, pérdida de peso o cambios en el comportamiento y otros más dramáticos como miopatías, (problemas musculares que incapacitan el movimiento del caballo), arritmias, alteraciones en las válvulas cardiacas, disneas por neumonía, encefalopatías, convulsiones y un largo etcétera.

Algunas de las patologías comienzan en la mayoría de ocasiones con cuadros leves, detectables únicamente gracias a una buena comunicación propietario-veterinario mediante las revisiones semestrales -tan importantes- que hacemos a los pacientes cuando les visitamos para la vacunación correspondiente, en las que nos gusta “perder” un poquito de tiempo para asegurarnos de que todo va bien. Porque, si esperamos a que los problemas se manifiesten con sintomatologías avanzadas, mucho más limitantes, supondrán un tratamiento más costoso en cuanto a tiempo, esfuerzo y dinero y un pronóstico menos favorable.

En pleno siglo XXI, un momento de avances científicos y tecnológicos vertiginosos en todos los campos científicos, incluyendo por supuesto el sanitario, os animo a que caminemos todos en la misma dirección, acogiendo los avances veterinarios a nuestro alcance y desterrando las ideas antiguas, como que los pacientes con cólicos se mueren, los caballos en decúbito hay que eutanasiarlos o que los animales que tienen problemas cardiacos o respiratorios ya no son de utilidad.

Ojalá sigamos evolucionando propietarios y veterinarios en la misma dirección para conseguir el más importante de nuestros objetivos: garantizar el mejor estado de salud de vuestros caballos.

María de la Cuesta.