Mis vivencias rodeada de caballos

Mis vivencias rodeada de caballos
In Nosotros

Mi relación con los caballos empieza mucho antes que la veterinaria, es más, está impresa en mi ADN paterno. A los 6 años recibí las primeras clases de equitación y a los 11 años tuve el primer caballo, un españolito, que años después me enseñó lo que era el cólico equino y sus fatales consecuencias. Por aquel entonces, yo debía tener unos 14 años y a día de hoy aún recuerdo la mirada de mi querido amigo el día de su despedida.

Aquella fue mi primera enseñanza práctica y aprendí no sólo algunos de los temidos síntomas de dolor cólico sino también la importancia del tiempo en su detección y tratamiento. Después de él, vino el que hoy es el abuelito de la casa, alguien muy particular y que, desde primero de carrera, decidió colaborar activamente en mi formación 😊. Con él aprendí algo muy importante…lo que es “el caballo del veterinario” alias “el pupas”.

Tal vez soy exagerada, sí probablemente lo sea… pero no sólo yo, a mi modo de ver ¡va en la profesión! Y es que nuestra vocación de veterinarios condiciona sin duda nuestro día a día e implica ver la vida bajo un “filtro” muy particular. Para un veterinario-propietario un mosquetón puede ser un arma de destrucción masiva y ver un caballo atado a uno de estos artilugios (¡muchos sin cierre de seguridad!) es visualizar unos cuantos puntos de sutura… Para nosotros, los días calurosos de verano no son sólo un día de playa ¡cientos de cólicos nos acechan!… Ya nunca más pensamos que subir un caballo al van es algo inofensivo y lo forramos con todos los protectores posibles para evitar traumatismos y heridas… Rezamos a todos los santos que se nos ocurren cuando vemos a un caballo atado a una cadena porque en nuestra cabeza sólo vemos ese “me asusto-tiro-rompo la cabezada-caigo hacia atrás y me desnuco”… Escuchamos el reflejo de succión de un potro recién nacido mientras mama de la ubre de su madre como si fuera música celestial… Y qué decir del ruido de las tripas (¡nuestra querida motilidad intestinal!) todo un regalo para nuestros oídos… Entramos a la cuadra de nuestro caballo y contamos instintivamente las cacas, tocamos el agua del bebedero para comprobar la temperatura, revisamos el comedero, rutinas que hacemos sin pensar…

Sí, la verdad es que la veterinaria condiciona el modo en que vemos la vida y la relación que tenemos con nuestro caballo. Tal vez, muchos os estaréis preguntando si conseguimos disfrutarlo a pesar de todo… sin duda la respuesta es SI. Conocer cómo funcionan y tener consciencia de su fragilidad los hace más increíbles y, desde mi punto de vista, más merecedores de nuestro agradecimiento por todo lo que nos regalan.

María Marcilla
Veterinaria

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