Cómo hemos cambiado… (primera parte)

Cómo hemos cambiado… (primera parte)

Conocer nuestro pasado nos permite comprender el presente y nos prepara para el futuro y, por eso, queremos aprovechar el verano para compartir con vosotros algunos datos y curiosidades sobre las raíces de nuestra profesión y su evolución hasta el momento actual. Son muchos los textos que hablan de la historia de la veterinaria y que nos revelan formas de vida pasadas, modos diferentes y complementarios de entender el trabajo y nos enseñan, en definitiva, cómo se inició el trabajo de los especialistas en cuidar y curar a los animales.

Todo empieza temprano, de hecho, muy muy temprano: alrededor del año 10.000 a.C. En ese momento hubo un punto de inflexión en la historia de la humanidad, con la domesticación de las primeras especies animales. Perros, ovejas, cabras, vacas y gatos fueron los primeros, pero pasarían alrededor de otros 5.000 años hasta que el caballo fuera domesticado.

Esa domesticación transforma a las especies, que pasan a ser de animales salvajes a bienes propios de la sociedad y que tienen influencia en el estatus social del propietario. En este sentido, el caballo tiene un papel especial, ya que se emplea como animal de trabajo y como arma de guerra, convirtiéndose en la más poderosa hasta la llegada de la pólvora.

Es en China (1700-1000 a.C.) donde el caballo se comenzó a emplear como animal de tiro y, hacia el año 400 a.C., se incluye a los médicos de los animales dentro de las ciencias de la salud.

Ya en Grecia, Jenofonte (430-354 a.C.) mediante los textos Hipárquico y De la equitación, desarrolla en detalle aspectos que van desde cuestiones militares, hasta el manejo y desbrave del potro, tipos de marcha, alimentación y cuidados. En este momento, el caballo alcanza una importancia capital y se diferencia de otras especies domésticas por sus muchos usos.

Los caballos fueron también de vital importancia para Roma, ya que formaban parte del tremendo engranaje táctico y logístico de la guerra, siendo claves en la expansión del imperio. Para la atención sanitaria de estos animales se necesitaron un gran número de personas (mulomedici) y fue tras las reglas militares de Cómodo en el siglo I d.C. cuando apareció el término “veterinario”.

Además de su valor como arma de guerra, la presencia del caballo para el entretenimiento era fundamental en el ImperioHippiatrika Romano. En la mente de todos están las imágenes de películas como Ben-Hur en las que podíamos apreciar el gusto romano por las carreras con caballos. La posesión de buenos caballos era sinónimo de un altísimo poder adquisitivo y grandes beneficios, por ello, a los animales se les brindaba especial atención. Aparece entonces la figura del veterinario especialista en carreras, que trataba heridas y algunas enfermedades, y cuyo conocimiento se recopiló en el Hippiatrika, publicado entre el 900 y 1000 d.C.

Durante la baja edad media se vivió en Europa un estancamiento en el desarrollo del conocimiento científico, mientras que la cultura y ciencia árabes florecieron, con importantes albeitares como Akhi Hizam al-Furusiyah que también dejaron plasmados en papel sus conocimientos veterinarios en aspectos como la conducta, ciertas enfermedades o la conformación del animal.

Estos textos se tradujeron al latín y se convirtieron en el germen del renacimiento. Muestra de ello fue el libro De medicina Equorum de Jordanus Ruffus (1250) y que es considerado el primer libro moderno de medicina equina. Un tratado que será fundamental en el desarrollo posterior de la especialidad y cuya historia os seguiremos contando en la segunda parte de este relato ¡No os lo perdáis!

Sergio Gimeno